Rubén Moreira critica estrategia de seguridad y reforma electoral

Por Bruno Cortés

 

En medio de un clima tenso por el operativo federal para detener a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, el coordinador del PRI en San Lázaro, Rubén Moreira Valdez, salió a fijar postura. Primero, con un mensaje de solidaridad para las familias de los elementos del Ejército y de la Guardia Nacional que perdieron la vida. Después, con una crítica directa a la estrategia de seguridad aplicada en los últimos años.

Moreira calificó los hechos como “terribles” y sostuvo que lo ocurrido es consecuencia de seis años de una política que resumió como “abrazos y no balazos”, en alusión a la estrategia impulsada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Para quien no sigue el día a día político, lo que está diciendo el legislador es que, a su juicio, la estrategia anterior fue demasiado permisiva con el crimen organizado y que el nivel de violencia actual demuestra que se necesita un enfoque distinto.

También pidió que los gobernadores asuman mayor responsabilidad en la lucha contra el crimen organizado. En términos prácticos, esto significa que no todo puede recaer en fuerzas federales como la Guardia Nacional o el Ejército; los estados también deben fortalecer policías locales, coordinación y prevención del delito.

Otro punto que subrayó fue la cooperación internacional. Reconoció que existe colaboración con otras naciones para buscar la paz en México, lo que refleja que la estrategia de seguridad no solo es un asunto interno, sino también diplomático y de inteligencia compartida.

Pero la crítica no se quedó en seguridad. Moreira también se refirió a la reforma electoral que se discute en el entorno legislativo. Dijo que llega “sin consensos” y desde el poder, lo que —según él— genera desconfianza. Acusó a Morena de intentar consolidarse en el gobierno mediante cambios que podrían restringir libertades o alterar las reglas democráticas. Incluso llamó al PT y al Partido Verde a no respaldar lo que considera un intento autoritario.

En lenguaje sencillo: el PRI busca posicionarse como contrapeso en dos temas clave —seguridad y reglas electorales— argumentando que sin diálogo amplio y sin acuerdos entre fuerzas políticas, cualquier reforma profunda puede ser vista como imposición.

El trasfondo es claro. En un Congreso donde las mayorías pesan, pero donde las reformas constitucionales requieren consensos amplios, cada declaración también es una jugada política. Y en ese tablero, Rubén Moreira intenta marcar distancia, cuestionar la estrategia oficial y defender la idea de que los cambios estructurales deben construirse con más voces en la mesa.

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