Por Bruno Cortés
En medio del ritmo político que suele dominar la Cámara de Diputados, también hay espacio para algo menos ruidoso pero igual de importante: la cultura. Esta semana, la Junta de Coordinación Política, junto con el área administrativa, organizó la cuarta sesión del club de lectura en el Espacio Cultural San Lázaro, donde el protagonista no fue un dictamen ni una reforma, sino un cuento: La Casa de Asterión, de Jorge Luis Borges.
El encargado de abrir la conversación fue Elías Robles Andrade, quien puso sobre la mesa algo clave: leer también es política pública, aunque no siempre se vea así. Y es que fomentar la lectura no solo tiene que ver con libros, sino con formar ciudadanía crítica, algo que a la larga impacta en cómo se toman decisiones en el país.
La sesión no fue una clase aburrida. Al contrario, se armó un debate bastante dinámico sobre el cuento de Borges, que reinterpreta al Minotauro, ese personaje clásico de la mitología griega que vive atrapado en un laberinto. Aquí, los asistentes no solo analizaron la historia, sino que hicieron una especie de “juicio” al personaje, con fiscal, defensa y jurado, para discutir si realmente era un monstruo o más bien alguien incomprendido.
Y ahí está el punto interesante: este tipo de ejercicios ayudan a cambiar la forma en la que vemos las cosas. Lo que parecía una historia simple terminó siendo una reflexión sobre cómo juzgamos a los demás sin conocer el contexto. Incluso lo compararon con otras figuras como el monstruo de Frankenstein, que también carga con el estigma sin que nadie entienda su origen.
Todo esto ocurre en el marco del Día Internacional del Libro, una fecha promovida por la UNESCO para impulsar la lectura y proteger la creación intelectual. No es casualidad: detrás de estos eventos hay una intención clara de acercar la cultura a espacios donde normalmente domina la política dura.
Al final, más allá del cuento, lo que se está construyendo es un mensaje: la política no solo se trata de leyes y presupuestos, también de generar condiciones para que la gente piense, cuestione y participe. Y eso, aunque no haga ruido en la agenda mediática, también es gobernar.