Alertan que salud mental en aviación es tema de seguridad

 

Por Bruno Cortés

 

La conversación sobre seguridad aérea en México está tomando un giro poco común, pero urgente: la salud mental de quienes operan los aviones. En la Cámara de Diputados, el diputado Víctor Manuel Pérez Díaz puso el tema sobre la mesa con un mensaje claro: esto no es un asunto secundario, es seguridad nacional.

En palabras simples, lo que se discutió es que un piloto cansado, presionado o con desgaste mental no solo enfrenta un problema personal, sino que puede poner en riesgo toda una operación aérea. Y aunque suene obvio, hoy ese tema sigue sin estar plenamente integrado en las políticas públicas del sector.

Durante el foro, legisladores, especialistas y representantes del sector coincidieron en que el sistema actual tiene un problema de fondo: castiga a quien reconoce que necesita ayuda. Muchos pilotos y tripulantes prefieren quedarse callados por miedo a perder su licencia o su trabajo. Eso genera una especie de “cultura del silencio” que, lejos de ayudar, aumenta los riesgos.

Para dimensionarlo, se expuso que más de la mitad de los pilotos y hasta dos tercios del personal de cabina evitan buscar atención médica o psicológica. ¿La razón? El temor a ser bajados de sus funciones. En términos de política pública, esto refleja un diseño institucional que no incentiva la prevención, sino que empuja a esconder el problema.

Otro punto clave es la fatiga. Especialistas advirtieron que operar bajo cansancio extremo puede afectar el desempeño al nivel de estar bajo efectos del alcohol. Es decir, no es solo estrés: es un riesgo directo para pasajeros y tripulación.

Lo que se plantea desde el Congreso es cambiar el enfoque. Pasar de un modelo punitivo a uno preventivo, donde reportar problemas de salud mental no signifique perder la carrera, sino recibir acompañamiento. Eso implicaría ajustes en normas, condiciones laborales y mecanismos de supervisión dentro de la industria.

También hay un tema estructural: las condiciones de trabajo. Jornadas largas, presión constante y exigencias de perfección sin margen de error forman parte del día a día en la aviación. Sin corregir eso, cualquier política se queda corta.

El reto ahora es aterrizar estas ideas en reglas claras. Porque mientras la salud mental siga dependiendo de esfuerzos aislados o buena voluntad, el problema seguirá creciendo. Y en este caso, el costo no es menor: puede traducirse en fallas operativas que afectan a miles de personas.

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