En la colonia Santa María la Ribera, la tradicional quema del Judas durante el Sábado de Gloria de 2026 adquirió un marcado tono político al convertirse en una manifestación crítica contra la política migratoria de Estados Unidos, particularmente durante la administración de Donald Trump.
El evento, realizado en el emblemático Kiosco Morisco, formó parte de la décimo cuarta edición del festival de cartonería, donde artesanos y colectivos aprovecharon la tradición para expresar inconformidad social y política mediante figuras simbólicas.
El Colectivo de Cartoneros de la Ciudad de México elaboró un Judas monumental con los colores de la bandera estadounidense, intervenido con consignas como “Fuck ICE” —en referencia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas— y el lema “Make America Great Again” tachado, en clara alusión crítica a la retórica política antimigrante.
Durante la quema, asistentes y organizadores denunciaron la persecución de migrantes latinoamericanos, la discriminación sistemática hacia la comunidad hispana y los casos de mexicanos fallecidos bajo custodia en centros de detención migratoria en Estados Unidos, temas documentados por organismos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
El acto simbólico retomó la figura de Judas —tradicionalmente asociada a la traición y el castigo del mal— para representar lo que los participantes calificaron como políticas “inhumanas”, incluyendo la militarización fronteriza y los mecanismos de contención migratoria que afectan tanto a mexicanos como a centroamericanos.
Autoridades culturales de la Ciudad de México han señalado en distintos informes que estas expresiones forman parte de la evolución de las tradiciones populares, donde la cartonería no solo cumple una función festiva, sino también de crítica social, al tiempo que preserva el patrimonio cultural intangible.
Más allá de su carácter religioso, la quema del Judas en esta edición evidenció cómo las manifestaciones culturales pueden convertirse en plataformas de denuncia, articulando demandas de derechos humanos y justicia social en un contexto internacional marcado por tensiones migratorias.
Este tipo de expresiones también refleja el papel activo de la sociedad civil y los colectivos artísticos en la construcción de narrativas críticas, en diálogo con problemáticas globales que impactan directamente a comunidades locales.