En política mexicana, cuando una reforma electoral se pone sobre la mesa, no solo se discute en el Congreso; también se convierte en un termómetro del respaldo político que tiene el gobierno. Esta vez ocurrió con el llamado Plan B impulsado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, que recibió el apoyo público de 24 gobernadores y gobernadoras identificados con el proyecto de la llamada Cuarta Transformación.
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