Valeria «La Capi» Andrade Aquí en la Ciudad de México, el lunes amanece con esa luz particular de febrero, una claridad engañosa que se cuela entre la bruma y nos recuerda que el tiempo, ese árbitro insobornable, no se detiene. Mientras sorbo mi café y reviso los monitores con los resúmenes de la jornada europea de ayer, no puedo evitar sentir un escalofrío que nada tiene que ver con la temperatura matutina. Estamos a poco más de cien días de que el balón ruede en el Estadio Azteca para la…
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