Por Juan Pablo Ojeda
En medio del brote de sarampión que comenzó hace un año en Chihuahua, la autoridad sanitaria federal reporta un repunte histórico en la aplicación de vacunas. El subsecretario de Salud, Eduardo Clark García Dobarganes, informó que en poco más de tres semanas se aplicaron más de nueve millones de dosis en todo el país, una cifra que —dijo— equivale a lo que en condiciones normales se aplicaría en casi dos años.
Durante la conferencia en Palacio Nacional, el funcionario detalló que solo entre el 14 y el 20 de febrero se alcanzaron 3.4 millones de vacunas aplicadas en una semana, y en la semana que concluyó el 27 de febrero se colocaron 3.3 millones más. En total, desde que inició el brote, se han administrado más de 22 millones de dosis.
La aceleración no es menor. Según los datos oficiales, el ritmo de vacunación creció casi 15 veces frente a periodos previos sin emergencia sanitaria. Tan solo en las tres semanas recientes se aplicaron 8.4 millones de dosis, y en los días posteriores al último corte se sumó casi un millón adicional.
El mensaje desde la Secretaría de Salud es claro: no hay otra estrategia más efectiva para frenar la transmisión. “Vacunar, vacunar y vacunar”, insistió Clark. El sarampión es una enfermedad altamente contagiosa que puede generar complicaciones graves, especialmente en menores de edad y personas con esquemas incompletos.
La campaña está dirigida prioritariamente a niñas y niños de seis meses a 12 años que no tengan ninguna dosis o necesiten refuerzo. También a personas de 13 a 49 años sin antecedente vacunal o con esquemas incompletos. La meta es cerrar brechas y elevar la cobertura para cortar la cadena de transmisión.
Las autoridades piden a la población revisar su cartilla y acudir al centro de salud más cercano. También se puede consultar el punto de vacunación en la plataforma oficial o llamar al 079 para recibir orientación gratuita.
El reto ahora no es solo mantener el ritmo, sino sostenerlo el tiempo suficiente para que los contagios disminuyan de forma constante. En salud pública, la velocidad importa, pero la continuidad es la que marca la diferencia.