Ignacio Mier llama al consenso por reforma electoral

Por Bruno Cortés

 

En el Congreso se respira expectativa. La reforma electoral que enviará la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo está a horas de iniciar su camino legislativo, y el senador Ignacio Mier Velazco ya puso sobre la mesa el mensaje central: diálogo, prudencia y búsqueda de acuerdos.

Como presidente de la Junta de Coordinación Política en el Senado, Mier Velazco sabe que una reforma electoral no es cualquier iniciativa. No se trata de ajustar un programa social o modificar una ley secundaria; aquí se mueve el “andamiaje” que define cómo se compite por el poder y cómo se reparten los espacios en el Congreso. En palabras más simples: son las reglas del juego democrático.

El senador dejó claro que Morena respaldará la propuesta presidencial porque, dijo, está alineada con los principios del movimiento. Pero también reconoció algo clave en la aritmética parlamentaria: las grandes reformas constitucionales en México no pasan solas. Han requerido alianzas, en este caso con el PVEM y el PT. Por eso su llamado fue a “serenar el ímpetu” y actuar con prudencia, entendiendo que cualquier cambio profundo necesita consensos amplios.

Para quienes no siguen el día a día legislativo, el proceso funciona así: cuando la iniciativa llegue formalmente al Senado, se turnará a comisiones como Puntos Constitucionales, Gobernación y Estudios Legislativos. Ahí comenzará la revisión técnica, los debates, las posibles modificaciones y, eventualmente, la construcción de un dictamen que después se votará en el Pleno. Es un camino que puede ser largo y que suele estar cargado de negociaciones.

Mier adelantó un dato relevante: se mantendría el principio de que ningún partido político pueda tener por sí solo 300 diputados en la Cámara. Traducido a términos prácticos, eso significa que seguiría existiendo un límite para evitar que una sola fuerza concentre la mayoría absoluta sin contrapesos. Es una regla diseñada para preservar el equilibrio y la pluralidad.

El senador también fue claro en algo: hoy nadie ha leído el documento final, así que el debate real comenzará cuando la iniciativa esté sobre la mesa. En ese momento, más allá de discursos y expectativas, vendrá la discusión de fondo sobre temas como representación, financiamiento, órganos electorales y reglas de competencia.

En un país donde las elecciones suelen marcar el ritmo político y económico, cualquier ajuste a las normas electorales tiene impacto directo en la estabilidad institucional y en la confianza de inversionistas y ciudadanos. Por eso el llamado al consenso no es solo una frase política; es una condición necesaria para que una reforma de este tamaño tenga legitimidad y no nazca bajo sospecha.

Lo que viene será un debate intenso. Pero, como suele ocurrir en el Congreso mexicano, la clave no estará solo en el contenido de la reforma, sino en la capacidad de las fuerzas políticas para ponerse de acuerdo sin romper el equilibrio democrático.

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